jueves, mayo 21, 2009

amanda.

La situación da un quiebre cuando las cosas no van de la mano.

Las caras se ponen más turbias, las miradas se van poniendo frías. Las caricias se vuelven como lijas horribles. Los abrazos no existen. Los besos no tienen saliva, porque son secos como el alma. La necesidad de un cariño es inútil. Las palabras no existen.


Las palabras no existen.

Las palabras no existen.

Las palabras no existen.

Y no existirán.



Lo más traumante de poder contactar y unir con flechas medio mundo, se hace completa en un letargo abismal. Las palabras que salían de su boca, me herizaban la piel. Me helaban la sangre. No podía ser tanta obsesión y tanta crueldad toda junta, en un mismo lugar. En un mismo asiento de sillón, con una película pop pre-fabricada.

La rotura expuesta de corazón cuando decimos que no pensamos, no sentimos, no queremos, no valoramos, no escuchamos, ni deseamos lo mismo. No necesitamos lo mismo, no tenemos que seguir escuchando toda esta mentira llena de mierda con reproches. No.

No.

No corremos. No volamos. No saltamos.
No jugamos a las canicas. No jugamos a las cartas. No jugamos a la play.

No queremos manejar tu auto. No queremos tu plata. No quiero que me devuelvas inclusive, la plata que te dejé arriba del comedor.

Quiero ser felíz. Quiero ser libre. Quiero saltar de edificio en edifico por las terrazas. Quiero cantar como si fuera la emoción de la música que queda en el topo five, como primero, en la cadena de la rolling stone.

Quiero todo de vos. Pero no quiero nada.
Porque no quiero que quieras, todo de mi.